Desde que aprendí a nombrar las cosas comprendí que las palabras nunca son inocentes. Una palabra puede abrir una puerta o cerrarla; acercar a dos personas o levantar entre ellas una muralla imposible de atravesar. Puede nacer como un grito y terminar convertida en caricia, o comenzar como una confesión y transformarse, según quién la escuche, en herida, consuelo o revelación.
Quizá por eso el lenguaje me ha parecido siempre uno de los grandes enigmas de nuestra existencia. Creemos utilizarlo para explicar el mundo, cuando muchas veces apenas conseguimos rodearlo con sonidos. Nombramos el amor sin conseguir apresarlo, hablamos de libertad sin ponernos de acuerdo sobre su verdadero significado y pronunciamos la palabra verdad mientras cada conciencia la contempla desde un lugar diferente.
Las palabras tienen esa extraña capacidad de contener opuestos. Una misma expresión puede despertar esperanza en alguien y temor en otro. Hay silencios que dicen más que una conversación entera y discursos interminables que, después de muchas frases, no han conseguido comunicar absolutamente nada.
Con el tiempo descubrí que no basta con saber hablar. También es necesario aprender a escuchar aquello que permanece detrás de lo dicho. El tono, la pausa, la mirada, la respiración y hasta la ausencia de una respuesta participan en ese territorio misterioso donde la comunicación deja de ser solamente lenguaje.
Escribir me permitió descubrir otra dimensión. Mientras la conversación desaparece apenas pronunciamos una frase, la escritura permanece, vuelve sobre nosotros y nos obliga a mirar nuevamente aquello que creíamos comprender.
Una página puede convertirse en espejo, pero también en interrogatorio. Nos pregunta qué pensamos, por qué lo pensamos y cuánto de nuestras certezas pertenece realmente a nosotros.
Quizá escribimos porque necesitamos poner cierto orden en el desorden interior. No necesariamente para encontrar respuestas, sino para formular mejor las preguntas.
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Comentarios
Me encanta este blog, está precioso. Cada letra, cada verso y cada palabra reflejan la sensibilidad y el alma de una gran poeta. Disfruto mucho leer tus escritos y perderme en la belleza de tus letras. Abrazos desde Cuba.
Qué interesante reflexión, Ramonika. Me quedé pensando en esa relación tan particular entre lo que decimos, lo que escribimos y aquello que preferimos callar. Me gustó especialmente cómo planteas que una palabra puede tener tantos sentidos dependiendo de quién la pronuncie o la escuche. Un texto para leer y releer y volver a algunas frases, porque deja pensando incluso después de terminarlo. Felicidades por estas letras.
Menudo texto te has marcado. Me ha hecho pensar un montón en cómo usamos las palabras y en todo lo que dejamos sin decir. Muy bueno, Ramonika. Enhorabuena guapa.
Muy interesante, Ramonika. Me quedo con la idea de que las palabras pueden decir mucho, pero el silencio también. Lindas letras, lindo blog.
Las palabras tienen más poder del que solemos imaginar, y tú lo has explicado de una manera muy bonita. Besitos, amiga. Que tengas un buen día. Tienes un lugar hermoso aquí.
Excelente reflexión, Ramonika. A veces necesitamos detenernos y pensar un poco en el verdadero valor de las palabras. Besos.
Ramonika. Es muy interesante la reflexión sobre el lenguaje, creemos que usamos las palabras, pero muchas veces son ellas las que terminan definiendo nuestra manera de pensar.
Buen trabajo Ramonika. El lenguaje puede unirnos, pero también puede convertirse en una barrera cuando dejamos de intentar comprender al otro. Aplausos colega.
Una palabra puede abrazarnos o lastimarnos. Todo depende también de cómo y cuándo se diga. Felicidades, Ramonika, escribes hermoso y siempre dejas algo en qué pensar.